No hace mucho, el miedo a perderse algo era un sentimiento con el que muchos de nosotros estábamos demasiado familiarizados. Gracias a las redes sociales y a la conectividad instantánea que tenemos a nuestro alcance, podemos estar al día de todo y de todos, todo el tiempo. Pero, ¿deberíamos?

Nuestra capacidad para acceder a este flujo incesante de información y actualizaciones ha hecho que siempre estemos involucrados, y los sentimientos de FOMO empiezan a remitir... hasta que desconectas.

Entre en FOSO - El miedo a desconectar.

El auge de FOSO

FOSO es ese sentimiento persistente que nos mantiene atados a nuestros dispositivos. Es esa ansiedad e inquietud que sientes cuando intentas desconectar. Es el miedo a perderse actualizaciones importantes que experimentan 1 de cada 3 personas en todo el mundo y este miedo es un instigador de la sobrecarga de información que intentamos procesar cada día.

La Dra. Ritika Suk Birah, psicóloga asesora, comentó lo siguiente;

“No somos robots, a menudo creemos que podemos seguir y seguir, pero esa es la razón por la que el agotamiento es tan común”.

Esta creencia de que podemos funcionar y prosperar gracias al estrés tiene graves consecuencias para nuestra salud física y mental a largo plazo, que se manifiestan en los 51.000 millones de libras que la mala salud mental cuesta a los empresarios británicos en 2024.

Una de las razones por las que esta cifra es tan elevada se debe a que el término FOSO tiene su origen en el lugar de trabajo, donde muchos empleados se sienten ‘una ’inmensa presión" para que se controle el trabajo, ... ¡incluso durante las vacaciones! Pero no se trata sólo de los correos electrónicos enviados fuera del horario laboral, sino también del estrés anticipatorio de responder y de la expectativa de estar siempre localizable, que ha dado lugar a que la gente sienta que no puede desconectar del todo.

Si se nos puede contactar donde sea, ¿por qué no podemos responder?

Este sentimiento se ha visto exacerbado en los últimos años por la pandemia y el aumento de las oportunidades de trabajar desde casa (WFH). Aunque muchas personas disfrutan de las ventajas de un estilo de vida WFH, el hecho de no salir de casa y teclear desde la mesa del comedor ha difuminado los límites entre la vida laboral y personal. Además, un número desproporcionado de personas creen que, como no están en la oficina y se les ve trabajando, tienen que demostrar que lo están produciendo resultados.

El ajetreo y el bullicio

Para muchos de los que consiguen encontrar una vida laboral equilibrada, la necesidad de ser hiperproductivos y la aparición de ‘Cultura del ajetreo’La cultura del ‘éxito’, que da glamour a las historias de personas que trabajan horas y horas para alcanzar el "éxito", significa que se esfuerzan constantemente por alcanzar metas poco realistas.

Parte del auge de los ‘side hustles’ se debe a la crisis del coste de la vida, que ha llevado a muchas personas a intentar disponer de un segundo ingreso para sostener sus finanzas. Para quienes no pueden explorar esta opción, ha aumentado la incertidumbre sobre su estabilidad laboral. Un factor que está provocando que cada vez más empleados experimenten burnout, que viene acompañado de su propia cohorte de problemas adicionales, como dificultad para relajarse o disfrutar del tiempo libre, aumento del estrés y la ansiedad y peor calidad del sueño, por nombrar algunos.

Si se pregunta por qué no hay una legislación que prohíba a los empresarios esperar que sus empleados se comuniquen fuera del horario laboral, la hay... en Francia.

En 2017, el país introdujo la ‘ley del derecho a desconectar’, y no es la primera vez que Francia se adelanta en leyes de bienestar público, ya que introdujo la primera de este tipo Prohibición de teléfonos en las escuelas ese mismo año, un paso que muchos países han imitado desde entonces.

Aunque muchos empleados del Reino Unido están ansiosos por volver a seguir los pasos de Francia, gran parte de la presión para responder es implícita y, como tal, debemos centrarnos en modificar las expectativas sociales en torno a la desconexión, haciendo saber a la gente que está bien tener tiempo ‘para ti’, sin tu dispositivo.

FOSO en todas las edades

Puede que el FOSO se originara en el lugar de trabajo, pero definitivamente no se ha quedado ahí, de hecho, con las constantes notificaciones y alertas que recibimos, una media de más de 150 al día, el miedo a desconectar ha entrado de lleno en todas las fases de nuestras vidas.

El número medio de notificaciones de los jóvenes supera con creces esta cifra, ya que varios estudiantes del reciente documental SWIPED: La escuela que prohibió los smartphones señalando que esperan recibir más de 300 mensajes al día, lo que está llevando a ‘ansiedad extrema y ataques de pánico’.

El documental explora el impacto de retirar los teléfonos inteligentes a estos niños, descubriendo que la ausencia de dispositivos se tradujo en una disminución significativa de la ansiedad y los síntomas relacionados con la depresión, así como en un aumento de la memoria de trabajo.

Si a los adultos nos cuesta regular nuestros hábitos tecnológicos, no sería lógico esperar que los niños lo hicieran sin ayuda. Sin embargo, la concienciación sobre el tema está creciendo, se están llevando a cabo más investigaciones y muchos Prohibición del uso del teléfono en los colegios utilizando métodos como las fundas para teléfonos con cerradura y las taquillas para teléfonos.

Romper el ciclo

Con tal abundancia de información en nuestro teléfono a lo largo del día, somos precavidos para no quedarnos atrás en noticias y oportunidades, pero esta vigilancia constante ya no es un pensamiento consciente, es un hábito arraigado que tenemos que trabajar conscientemente para cambiar.

Una de las formas más eficaces de salir de este ciclo es empezar a establecer límites claros. Designar un horario para responder a los mensajes y desactivar las notificaciones fuera de ese periodo puede suponer una gran diferencia en tu productividad y tranquilidad.

Un escollo de este método es que cuanto más tiempo dejamos a nuestros amigos y colegas sin responder, más estrés y ansiedad sentimos al respecto. Sería tan fácil responder rápidamente y limpiar nuestra conciencia, pero comunicarse con estas personas haciéndoles saber cuándo no estás disponible, o establecer expectativas sobre los tiempos de respuesta puede realmente ayudar a saciar esos temores y construir relaciones más saludables.

Si sabes que no vas a poder evitarlo, sobre todo durante la jornada escolar o laboral, puedes recurrir a herramientas de restricción del uso del teléfono, como aplicaciones restrictivas, cajas de bloqueo o fundas para el teléfono.

Por último, nunca podrás escapar del mundo de la tecnología y el zumbido constante, pero unas pequeñas vacaciones te vendrán de maravilla. Plantéate una ‘desintoxicación digital’ en la que programes periodos sin ningún dispositivo electrónico para ayudar a tu cerebro a desconectar. Un fin de semana sin pantallas puede ser el remedio perfecto, o quizá prefieras unos días de retiro en algún lugar tranquilo y rodeado de naturaleza.

Nuestra relación con estos dispositivos es individual y, por tanto, la solución también debe serlo: haz lo que te funcione y mejor se adapte a tus necesidades. Afortunadamente, cada vez es más aceptable hablar abiertamente de estos temas y de las medidas que debemos tomar para proteger nuestra salud emocional.

En nuestro mundo hiperconectado, muchos de nosotros luchamos contra el FOSO, pero recuerda que cada vez que eliges desconectar, estás tomando una decisión consciente de dar prioridad a tu bienestar.

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